viernes, 23 de septiembre de 2011

Las primarias. Artículo de Ricardo Gil Otaiza

RICARDO GIL OTAIZA
eluniversal.com


Contrariamente a lo que se especula por ahí, la presencia en las elecciones primeras de varios candidatos, tanto de las viejas como de las nuevas generaciones, es un signo importante de fortaleza política por parte de la oposición venezolana. No soy de los que piensan que frente a la diversidad de posturas y de rostros tengamos que levantar una barrera infranqueable para mostrar al mundo una "unidad", cerrándole el paso a quienes consideran que sus nombres son opciones válidas en un país en el que se debate el próximo año la permanencia de la institucionalidad democrática.

Grave sería para Venezuela el que ninguno de sus hijos, que no comulgan con la ideología del Gobierno, quisieran postular sus nombres, porque esto implicaría -ni más ni menos- el cierre de la esperanza. En lo particular considero que la salida al escenario de varios precandidatos, cuyas opciones implican movimientos interesantes dentro del espectro político, aviva en buena parte de la población el interés por el debate de las ideas, por la discusión de los grandes temas nacionales, por el escrutinio de la realidad frente a una gestión que ha sido nefasta para el país.

Todos sabemos, y las encuestas ya lo dicen, que dentro de ese grupo de conciudadanos hay quienes tienen mayores opciones de triunfo para representar a la oposición en las venideras elecciones presidenciales. No obstante, los precandidatos, a mi entender, representan sectores específicos de la sociedad, y es ahora cuando tienen una buena oportunidad para dirimir sus posturas, para cotejar con el colega sus posiciones frente a las disímiles problemáticas que nos aquejan, para sacar en limpio el modelo de nación que queremos. Independientemente de que unas opciones tengan más fuerza y mayor aceptación que otras, esto no anula la magnífica oportunidad que se nos presenta para conocer salidas a la crisis, para sopesar con criterio cuál deberá ser el camino a seguir sobre la base del ejercicio de la libertad y de la diversidad de pensamiento.

La presencia en el escenario de figuras que de algún modo representan el pasado político nuestro, no debería ser motivo de alarma; todo lo contrario, podría significar para nosotros un ejercicio de lucidez con respecto a lo que fuimos, a lo que somos y lo que aspiramos en lo inmediato. Si bien, muchos de ellos podrían ser catalogados como copartícipes de las viejas y manidas formas, que de alguna manera el país rechazó a finales de la década de los 90 (con la emersión de la figura del hoy Presidente), no debería implicar en este momento la negación de un pasado que -gústenos o no- fue mejor que lo que tenemos como presente. Creo que no requiero muchas explicaciones al respecto; los hechos están a la vista.

El Gobierno sabe que la fortaleza de la oposición está precisamente en la diversidad de figuras que gozan del aprecio y de la estima del colectivo, y que podrían amalgamar -de mantenerse la unidad, como va a suceder- la mayoría necesaria para darle al país un nuevo rumbo a partir del próximo año. De allí la ferocidad del régimen contra algunos de ellos, de allí el nerviosismo en el ámbito palaciego. Tal vez (ojalá no me convierta en ave de mal agüero) vengan nuevas arremetidas contra los precandidatos que gozan de mayor aceptación popular; tal vez se busquen (por los caminos verdes) nuevas inhabilitaciones, que dejen fuera de juego a nombres claves de las fuerzas políticas que pugnan por un cambio definitivo en nuestra nación.

Hay que estar alertas frente a las truculencias desde el poder, sin perder de vista -lógicamente- el horizonte de plantearle a la población una nueva visión de país: una utopía creíble que nos alcance a todos por igual.

rigilo99@hotmail.com



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